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lunes, 11 de junio de 2018

El parque nacional de Corcovado

Crónica de la incursión de tres días en Corcovado durante nuestro viaje a Costa Rica (23, 24 y 25 de marzo de 2018)


Información previa
El parque nacional de Corcovado se encuentra en la península de Osa, en el extremo suroeste del país, bañado por el océano Pacífico y es sin duda una de las mejores visitas que se pueden hacer si estás de viaje por el país tico.
La gente de allí presume orgullosa de que el parque contiene nada más y nada menos que el 2’5% de la biodiversidad del planeta concentrada en un área de apenas unos 425 km2, lo cual lo convierte, en palabras de National Geographic, en el lugar más intenso del mundo, biológicamente hablando.
De todas las opciones que existen para visitar el parque (uno, dos o tres días entrando desde Puerto Jiménez, Bahía Drake, La Palma, etc…) nosotros elegimos la de tres días entrando desde Puerto Jiménez después de que nuestro guía, Álvaro Montoya, nos recomendara tres y no dos días para poder disfrutar mucho más de la visita y no pegarnos la paliza de dos días seguidos de largas caminatas.
Esta fue una de las decisiones que más nos costó tomar ya que para visitar el parque de Corcovado es necesario hacer un sacrificio importante en el viaje. Por un lado cuesta llegar, ya que al estar en un extremo del país que no entra en los recorridos habituales no es un sitio de paso, lo cual hace que haya que emplear un día en ir y otro en volver. Y por otro lado la visita es cara, puesto que hay que sumar transporte hasta el límite del parque, servicio de guía (obligatorio) además de comidas y estancia en la estación Sirena.
Y respecto a cuántos días estar, evidentemente todo depende de la disponibilidad tanto de tiempo como de dinero, pero es bueno saber que en la visita de dos días el primero suele ser más relajado y tranquilo deteniéndose aquí y allá para ver animales y que el guía te cuente cosas del parque, mientras que el segundo normalmente se va a piñón fijo para poder llegar relativamente pronto a la estación de salida con lo que se convierte más en una jornada de trámite. Es por ello que, si se puede, es recomendable estar tres días ya que en el día del medio se disfruta mucho de la estancia en Sirena y de las pequeñas caminatas por el parque.
Una vez claro el plan ya solo nos quedaba decidir si entraríamos por Leona y saldríamos por Los Patos o viceversa, o si por el contrario entraríamos y saldríamos por Leona.
Según lo leído en otras reseñas, al ir tres días vale la pena hacer los dos recorridos, el de Leona y el de Los Patos para poder transitar por dos sendas diferentes, y esa era la idea sobre el papel, pero bien es cierto que se avisa de que el sendero de Los Patos es duro y al no estar acostumbrados a caminar con tanto peso a la espalda y en unas condiciones de humedad y calor tan altas no sabíamos si estaríamos a la altura, de modo que al final quedamos con el guía en que entraríamos por Leona y, según fuera la jornada, decidiríamos si éramos capaces o no de afrontar Los Patos.


Día 1
Las 5’30 de la mañana era la hora acordada para encontrarnos con Álvaro en la panadería Monar y poner rumbo a Carate de modo que, después de desayunar algo rápido en la habitación, compramos en la panadería un par de empanadas para la jornada y al poco nos encontramos con nuestro guía que nos dio la primer buena noticia del día: al final había conseguido plaza para nosotros en una buseta colectiva. Los 5$ extras por persona bien valían la pena para no pasarnos casi dos horas dando botes en la parte trasera de un camión por aquella maltrecha carretera.
Con el sol ya despuntando en el horizonte dejamos atrás Puerto Jiménez y emprendimos el trayecto hacia Carate no teniendo que esperar mucho para nuestro primer encuentro, pues incluso antes de llegar al inicio del sendero ya nos paramos un par de veces, la primera para ver un grupo de garzas blancas y la segunda para ver un grupo de monos tití cuando nos detuvimos en el Golfo Dulce, uno de los cuatro fiordos tropicales que existen en el mundo.
Casi inmediatamente después la buseta nos dejó en la playa de Carate donde ya por fin nos ajustamos bien las mochilas, pusimos las botellas de agua a mano y comenzamos a caminar.
El parque no tardó en darnos el primer regalo y apenas andados unos metros pasó por encima de nosotros una pareja de guacamayos deleitándonos con su colorido plumaje y su peculiar graznido.


Aunque hay algún tramo del sendero que discurre por el bosque, los primeros cuatro kilómetros hasta la estación Leona los hicimos por la playa, completamente solos y disfrutando de las vistas que eran sencillamente espectaculares, con una neblina mañanera cubriendo el horizonte y con la exuberante vegetación del bosque tropical asomado a la playa.
La estación Leona supuso la primera parada del día, donde nos tomamos un pequeño respiro, nos inscribimos en el libro de visitas, bebimos algo de agua y aprovechamos para hacernos la foto de rigor en el cartel de entrada al parque con la flamante bandera costarricense ondeando al viento del Pacífico.
Y a partir de aquí otra vez en marcha para ir avanzando sin prisa pero sin pausa mientras íbamos viendo más guacamayos, monos carablanca, lagartos, colibrís e incluso un tapir tranquilamente dormido en su charca, que algún otro guía había descubierto y de lo que el nuestro se había enterado vía whatsapp.
Más o menos hacia el mediodía paramos en una pequeña playa, esta vez llena de rocas, para esperar que el sol siguiera su camino y descendiera de lo alto evitando así caminar en las horas más calurosas del día.
Allí comimos, echamos una pequeña siesta, y al levantarnos nos dimos el gusto de comernos un coco recién abierto antes de seguir el camino para llegar al poco a la zona conocida como Salsipuedes, donde uno se puede quedar atrapado si no tiene en cuenta las mareas y el agua del mar le corta el paso.
Pero para eso está el guía, para calcular las horas a las que se puede o no se puede pasar. Y tras sortear las rocas que ocupan esta parte de la playa continuamos sobre la arena hasta el final de la siguiente playa, donde una elevación del terreno parecía marcar el final del recorrido.


Aquí nos detuvimos a descansar un poco y sobre todo a beber y refrescarnos ya que este último tramo de playa había sido especialmente costoso. Bien por la temperatura o bien por las zapatillas lo cierto es que los pies nos ardían y de vez en cuando nos subía una oleada de ardor por el cuerpo que minaba bastante nuestras fuerzas. No es que estuviera siendo especialmente cansado o complicado, sino que la travesía por la arena junto con el calor y el sol sobre nuestras cabezas hacia la caminata especialmente pesada por unas condiciones a las que no estamos acostumbrados.
Pero por lo visto no faltaba mucho y además la parte de playa casi había terminado de modo que, tras salvar unos 100 metros de desnivel por un empinado trecho, continuamos la marcha esta vez bajo la agradable sombra de los árboles y con los ojos bien abiertos a ver si teníamos la suerte de ver un felino.
Aunque gatitos no vimos ninguno, lo que si nos llamó la atención fue la acumulación de bolsas de basura en determinados puntos del recorrido. La primera impresión siempre es desagradable, igual que cuando te encuentras cualquier tipo de deshecho en la montaña o en un entorno natural, pero resulta que esos lugares hacían de punto verde donde los guías iban acumulando los desperdicios que se encontraban para que posteriormente pasara a recogerlos una lancha y se los llevara fuera del parque. Así que, mucho más contentos al ver que aquello formaba parte de una iniciativa para mantener limpio el bosque, hicimos nuestra pequeña contribución recogiendo restos de lo que parecía una boya o faro arrastrado por el mar y dejándola junto al resto de basura.
Quedaba ya poco para llegar y el último escollo a salvar era el río Claro, con poco nivel de agua al estar en la estación seca, con lo que zapatillas en mano cruzamos al otro lado junto a un grupo de atentos zopilotes que rápidamente dejamos atrás para llegar junto a un cartel que nos indicaba la cercanía de la estación Sirena.
Y así, tras horas de calor y travesía con la mochila a la espalda, la pradera de la estación se presentó ante nosotros como un auténtico oasis donde nos esperaba comida caliente, una ducha refrescante y una cómoda cama donde descansar, con el añadido del recibimiento que nos hizo un precioso tucán en lo alto de un árbol exhibiendo sus colores como bienvenida a la estación.


Ya sea por la dificultad de llegar hasta allí y el coste de transportar el material y la comida necesaria para poner en marcha un alojamiento de este tipo o por cualquier otro motivo, la estancia en Sirena no es precisamente barata, pero podemos decir que fue seguramente el mejor alojamiento de todo nuestro viaje por Costa Rica.
Al margen del entorno natural en el que se encuentra y dejando a un lado el hecho de que después de todo un día caminando por la playa seguramente cualquier cosa nos hubiera parecido bien, lo cierto es que la estación está perfectamente cuidada, los baños y duchas estaban limpísimos (hasta el punto de que mucha gente caminaba tranquilamente descalza a la hora de ir al lavabo o al aseo), las literas estaban bien organizadas y la ropa de cama y las mosquiteras como nuevas, la comida riquísima y abundante y el personal de la estación muy amable en todo momento.
Con lo que fue un auténtico placer llegar allí, ducharnos, cenar, descansar un rato en la terraza y luego irnos a dormir, cada uno a su litera, bajo el coro de monos aulladores que durante los dos días que estuvimos allí se encargaron de darnos las buenas noches.

Día 2
Al día siguiente teníamos por delante tres salidas para conocer más el bosque e intentar seguir viendo a cualquier bicho que se pusiera a tiro. La primera la hicimos antes de desayunar así que nos levantamos sobre las 5’30 de la mañana y apenas lavada la cara para despejarnos un poco cogimos la mochila con algo de agua y salimos en busca de más animalitos. Un pizote de caza y unos monos divirtiéndose como adultos fue el saldo de esta excursión antes de regresar a la estación donde ya nos esperaba nuestro gallo pinto con fruta pan y zumo, un desayuno de campeones que nos sentó de maravilla después de algo más de dos horas de paseo.
Después volvimos a salir hasta la hora de comer en que regresamos de nuevo a la tranquilidad de la estación. Ya en su día el guía nos aconsejó no contratar la comida y no llevar más que unos frutos secos, un sándwich o algo ligero, y no le faltó razón dado lo copioso del desayuno.
Como el rato de la comida era el más caluroso del día, nos dio un descanso de un par de horas de forma que incluso pudimos echarnos una breve siesta antes de salir a la última excursión del día.
Las 16 era la hora fijada y ya con las botas y la mochila calzada a la espalda nos disponíamos a salir cuando tuvimos una de esas experiencias que no se olvidan, ya que de repente una madre tapir y su cría aparecieron por detrás de la estación quedándose paradas en medio de la pradera, comiendo apaciblemente para sorpresa de todos los que estábamos allí fotografiándolas como un grupo de paparazzis mientras desfilaban tranquilamente a apenas unos metros de nosotros hasta que se adentraron en el bosque y los perdimos de vista. 


Esa tarde tocaba la excursión al río Claro para darnos un baño en sus aguas y relajarnos un rato, pero con el retraso por lo de la aparición de los tapires y lo que enredamos también viendo a un grupo de perdices que por lo visto eran bastante difíciles de avistar, al final se nos hizo tarde y el guía descartó subir hasta el río.
Lo cierto es que nos hubiera gustado pero, como bien dijo el guía, lo de bañarse en un río se puede hacer en cualquier lugar pero que un par de tapires pasen a unos metros de ti es algo que no ocurre todos los días.
Y para rematar la jornada vimos no mucho después a un perezoso (o perezosa) con su cría durmiendo sobre una rama con esa cara de felicidad que les caracteriza ofreciéndonos una imagen de postal, como si de dos peluches gigantes se tratara.
La tarde ya estaba avanzada y poco a poco iba cayendo el sol así que dejamos a los perezosos atrás y un pizote y un lagarto más tarde nos dirigimos hacia la playa donde el cielo de Corcovado nos brindó un estupendo atardecer sentados en un tronco sobre la arena de la playa del Pacífico.


Día 3
Como por lo visto no lo habíamos hecho tan mal durante la entrada al parque por el sendero de Leona, este último día, y con el beneplácito de nuestro guía, saldríamos por el sendero de los Patos.
Este tramo era a priori más duro que el anterior, aunque el hecho de que fuera 100% por sendero a través del bosque sin nada de playa nos consolaba un poco, ya que la playa fue sin duda lo más duro del sendero Leona.
Aun así había un buen puñado de kilómetros desde la estación Sirena hasta el puesto de guardabosques de Los Patos por lo que ese día madrugamos un poco más y a las 4’30 ya estábamos en pie, con el frontal en la frente, recogiendo todas nuestras cosas y bajando la escalerita de la estación para comenzar a caminar, no sin antes detenernos un momento en medio de la pradera para mirar hacia arriba durante unos segundos y quedarnos pasmados con el cielo estrellado que se nos ofrecía allí en medio del Parque de Corcovado.
Pero no había tiempo que perder así que tras este instante de contemplación emprendimos la marcha por el bosque, linternas en mano, a través de la oscuridad siguiendo a nuestro guía que avanzaba sin ningún tipo de duda por un camino que se debía saber de memoria y escuchando a cada paso gruñidos, gorgoteos y el agitar de las ramas al paso de vete tú a saber qué animal.
Avanzamos ligeros, cada uno concentrado en el suelo que pisaba mientras poco a poco iba amaneciendo hasta que las linternas dejaron de ser útiles y llegamos al primer cruce de un río, momento que aprovechamos para desayunar algo antes de cruzar el agua y proseguir el camino.


Tal y como nos habían dicho, el sendero de los Patos estaba siendo realmente bonito, caminando por frondosos bosques y rodeados de árboles de una envergadura considerable. Apenas vimos animales, aunque lo cierto es que tampoco era el objetivo del día sino que la caminata estaba siendo mucho más ligera con el objetivo de llegar a la estación de los guardabosques a mediodía. Tampoco hubiera sido distinto de haber ido por el sendero de Leona ya que en la filosofía de los tours los guías dedican el día de entrada a ir tranquilamente intentando avistar la mayor cantidad de fauna posible mientras que el día de vuelta van directos hacia la salida parando tan solo a tomar un respiro o a comer o beber algo.
A pesar de que la jornada se prometía igual de calurosa que los anteriores, por suerte los inmensos árboles que nos rodeaban nos protegían del sol que hacía ya rato había empezado a calentar y aunque de vez en cuando nos venía algún que otro subidón de calor, se sobrellevaba mucho mejor.
Quedaban ya pocas oportunidades para poder ver al puma y nuestra esperanza aumentó al encontrar una huella reciente junto con unos excrementos de felino, pero lo cierto es que no tuvimos suerte de encontrarnos con él.


La segunda mitad del camino dejó de ser tan llana como la primera para dar paso a una sucesión de rampas que fuimos sobrepasando poco a poco hasta llegar al tramo con más pendiente de toda la ruta pero, como nos bromeó el guía, con la ventaja de que para nosotros era cuesta abajo.
Así que omenzamos a descender casi toda la altitud que habíamos ganado en los kilómetros anteriores hasta que de repente el bosque quedó a nuestras espaldas y delante se abrió un paisaje donde al fondo se encontraba la estación de los Patos a la que llegamos después de sortear un par de riachuelos y donde pudimos esperar tumbados a esperar que llegara el todoterreno que nos debía llevar de vuelta a Puerto Jiménez.


Datos prácticos
Además de cuántos días ir, que ya comentamos al principio, la otra de las grandes cuestiones es con quién ir, ya que como suele pasar en estas cosas, el guía puede convertir tu visita en algo inolvidable o en una auténtica pesadilla. Nosotros no podemos más que opinar del nuestro puesto que salvo los comentarios leídos en foros y demás no tenemos referencias más cercanas del resto de guías. Y aunque Álvaro Montoya (+506 8814 7663), de Tamandua EcoTours, no era de los más baratos, al final la diferencia no era tanta y tenemos que decir que terminamos muy contentos de haberlo elegido ya que fue un gran guía en nuestra visita al parque, sobre todo por su entusiasmo a la hora de hacer su trabajo y por tener siempre una sonrisa en la cara, por lo que lo recomendamos totalmente.
Por último, y en cuanto a la logística, hay que pensar bien qué se va a llevar en la mochila dado que hay que cargar con ella a la espalda durante los 20 kilómetros del sendero Leona y los 25 del sendero Los Patos, de modo que la reducción del peso al máximo es algo crucial.
El grueso se lo lleva el agua, ya que hay que prever al menos tres litros por persona, o llevar como alternativa pastillas potabilizadoras para poder rellenar las botellas con el agua del río. También hay que llevar algo de comida para los días de ruta y el día del medio en caso de hacer tres días. Aquí lo más práctico es llevar frutos secos, barritas de cereales, empanadas o cosas similares que aporten calorías pero que apenas pesen ni ocupen espacio en la mochila.
En lo relativo a la ropa no hace falta llevar más que una muda ya que en la estación se puede lavar de un día para otro, aunque sí es importante llevar gafas de sol, chanclas, crema solar, alguna gorra o sombrero y tapones para los oídos por si acaso los monos no son los únicos que aúllan en la oscuridad de la noche.
Y finalmente, en cuanto a cachivaches varios pues ya depende de cada uno: unos prismáticos, un buen zoom si te gusta la fotografía (al menos 200 mm), bastones de travesía, etc... Al final todo lo ha de cargar uno mismo así que cada cual decide dónde poner el límite.

miércoles, 25 de abril de 2018

La laguna de Pétrola

Recorrido circular por la reserva de la laguna salada. (Ruta realizada el 10 de febrero de 2018)


Acceso
En este caso, partiendo de la carretera A31 que une Valencia con Albacete, cogemos la salida 112 hacia Pétrola y en el siguiente cruce giramos a la izquierda pasando bajo el túnel de la autovía. Justo tras rebasar el túnel giramos a la derecha y enlazamos con la CM3211 que corre paralela a la A31 hasta llegar a una estación de servicio, momento en que la carretera gira a la izquierda y nos lleva directos a Pétrola.

Descripción
La reserva natural de la laguna salada de Pétrola es un humedal que constituye sin duda uno de los grandes atractivos naturales de esta parte de la llanura de La Mancha, donde generalmente predominan las grandes extensiones de tierra dedicadas en su mayoría a la agricultura y ganadería.
Debido a la falta de puntos elevados en el entorno, salvo quizás el pequeño mirador que forma El Guijarral, no es fácil disfrutar de una vista general de la laguna, aunque en realidad el mayor aliciente de la visita es poder avistar algún grupo de aves de los numerosos que visitan el humedal en uno u otro momento del año, y sobre los que destacan los flamencos, con sus coloridas plumas y su estilizada figura.
Pero el día de la ruta resultó frío y ventoso lo cual parece que desanimó tanto a aves como a senderistas, ya que no nos cruzamos ni con unos ni con otros.
Así y todo comenzamos a caminar saliendo de la plaza Mayor del pueblo para enfilar luego la calle Altos, la calle Chinchilla y siguiendo recto llegamos al final de la calle Nueva, momento en que continuamos por la derecha pasando junto a un pequeño muro donde una flecha amarilla muestra la dirección a Santiago, ya que Pétrola es población de paso del Camino de Levante.
Esta pista nos lleva al cruce con la carretera y después comparte trazado con el GR60 bordeando la laguna por su lado oeste en un recorrido completamente plano y sin dificultad alguna, salpicado de diversos puntos de observación de aves.
Poco a poco la laguna va quedando atrás conforme nos acercamos al conjunto de la Casa de la Galana donde la senda comienza a girar hacia el este para recuperar el camino que discurre de forma más perimetral a la laguna.
Llegamos así a un cruce de caminos marcado por un pequeño grupo de árboles (1) pudiendo ahora elegir entre la izquierda o la derecha, pues ambas opciones nos llevan al mismo sitio. En nuestro caso escogimos la estrecha senda que sale a la derecha por parecer más corta y porque pasa más cerca de la laguna, haciendo la vista un poco más agradable.
En cualquier caso, al final retomamos la pista a la altura de la caseta del Guarda (2) y acometemos el último tramo, casi totalmente recto, pasando junto al desvío del punto de información.
Como entre el frío y el fuerte viento el día estaba siendo bastante desapacible, y dado que no íbamos a ver ningún flamenco ni nada que se le pareciera, rebasamos sin detenernos el mencionado desvío y pusimos rumbo fijo a Pétrola terminando así la vuelta a la laguna.
Habrá que volver en otra ocasión con mejor tiempo y cuando sea temporada de paso de aves para poder ver algún ejemplar.

Datos técnicos
Distancia: 11 km
Duración: 3 horas
Dificultad: 0/5
Altitud mínima: 850 m
Altitud máxima: 900 m
Desnivel acumulado: 100 m
A tener en cuenta: Nada en especial

Descarga aquí la información de la ruta

jueves, 19 de abril de 2018

El embalse del Buseo

Ruta circular por el embalse de Chera. (Ruta realizada el 27 de enero de 2018)


Acceso
Para llegar a Chera tomamos la A3 en dirección Madrid hasta la salida 289, momento en el que enlazamos con la CV395 hacia Chera. Una vez llegado al pueblo podemos aparcar en la plaza que hay junto a la iglesia o si no en la calle que sale a la izquierda de la rotonda que encontramos al llegar, ya que la ruta parte de aquí.

Descripción
Este sendero se apoya sobre el trazado de dos de los PR que confluyen en Chera: el PR 359 y el PR 102; y comienza en la rotonda de entrada al pueblo por lo que después de dejar el coche en la plaza de la iglesia, por aquello de tener una referencia fácil a la vuelta, volvemos a la carretera y retrocedemos unos metros hasta dicha rotonda donde seguimos la dirección del cartel que indica “ecoparque”. Aquí comienza un suave y prolongado descenso a través de una pista forestal no demasiado agraciada, descartando los desvíos que nos surgen a la izquierda y donde la única nota destacable es la cascada del Chorrero de la Castellana que surge de la hendidura en la montaña que forma el barranco de la Umbría de la Viña.
Dado que estamos dentro del Parque Geológico de Chera, también vamos a ir viendo postes de señalización del itinerario geológico 2, así como algunos “paneles” informativos hechos con azulejos sobre la roca.
Pocos metros después llega el momento de abandonar el PR 359, que se pierde más allá del puente que cruza el río Reatillo, y enlazamos así con el PR 102, a la altura de la fuente del Río, donde nos desviamos a la izquierda para caminar ahora paralelos al cauce.
Aunque la pista forestal es más o menos igual que por la que veníamos, el paisaje resulta un poco más atractivo en este tramo donde el río se encañona un poco antes de llegar a la cola del pantano.
Más adelante cruzamos el lecho del río hacia la derecha y al llegar al otro margen descartamos el desvío de la derecha que lleva al mirador del Puntal de la Fuente del Puerco y seguimos hacia la zona del embalse pasando bajo el arco que nos da la bienvenida.
Lo cierto es que el día no está para muchas paradas ya que sopla un viento helado que te enfría rápidamente, pero el área recreativa es el mejor sitio para detenerse a comer así que aprovechando una mesa donde cae un rayito de sol, nos hacemos los bocadillos y seguimos la marcha para volver a entrar en calor.
Dejamos atrás la zona de acampada y las instalaciones y nos adentramos a partir de aquí en el tramo más bonito de toda la ruta justo cuando llegamos al punto donde el embalse se junta con el barranco de la Hoz
Pasamos una baranda de madera donde la senda se estrecha y se vuelve más atractiva, haciéndonos olvidar la pista del inicio de la caminata. Avanzamos después por una cornisa sobre la roca y junto a un cable de apoyo y al final descendemos unas escaleritas antes de acometer el acceso a la presa del embalse.
Después de pasar la presa seguimos las indicaciones del PR a través de un tramo relajado antes de emprender la subida más exigente del día, que nos lleva por una corta pero pronunciada ascensión a través de la roca recuperando así la altitud perdida desde que salimos de Chera.
Conforme ascendemos, el embalse va quedando atrás ofreciéndonos bonitas vistas gracias a la altura ganada hasta que llegamos a la carretera, por la que debemos caminar unos metros antes de retomar la ascensión, esta vez mucho más suave, que nos lleva a un cruce retomando el trazado del sendero geológico que nos devolverá en apenas unos kilómetros a Chera. A partir de este punto el encanto de la ruta va quedando atrás para desaparecer completamente cuanto más nos acercamos al pueblo, cruzando yermos campos de frutales antes de pasar por una zona de chalets en la que nos reciben los perros de turno ladrando a cualquier cosa que se mueva. Finalmente llegamos al núcleo del pueblo propiamente dicho, donde con el campanario como referencia, regresamos al coche para poner punto final al recorrido.

Datos técnicos
Distancia: 13 km
Duración: 4 horas
Dificultad: 1/5
Altitud mínima: 450 m
Altitud máxima: 650 m
Desnivel acumulado: 300 m
A tener en cuenta: Nada en especial

Descarga aquí la información de la ruta

miércoles, 18 de abril de 2018

El despoblado de Jinquer

Visita a esta aldea abandonada durante la Guerra Civil. (Ruta realizada el 26 de noviembre de 2017)


Acceso
La ruta hacia el despoblado de Jinquer parte de Alcuida de Veo, adonde llegamos cogiendo primero la V21 hacia Sagunto y después la A23 hacia Teruel, como casi siempre que nos acercamos a la Sierra de Espadán. Continuamos por ella hasta la salida 27 en la que indica Segorbe/Geldo, nos mantenemos en el carril de la izquierda hacia Segorbe y en la segunda rotonda cogemos la primera salida a la derecha hacia Castellnovo por la CV200. Pasamos por otra rotonda y cruzamos el río Palancia llegando a un cruce donde hay que girar a la izquierda hacia Algimia de Almonacid por la CV215 continuando luego hacia Alcudia de Veo. También se puede seguir por la CV200 y llegar a Alcudia de Veo a través de Almedíjar, pero la carretera, aunque más corta, tiene muchas más curvas y se hace un poco más pesada, aparte de ser más estrecha y algo más insegura.

Descripción
Una vez dejado el coche buscamos el inicio del recorrido junto al frontón, al otro lado del río Veo y junto a la curva que hace la carretera. Pasamos junto al merendero y la zona de paelleros y nos internamos en el lecho del río a través del GR36. En este primer tramo transitamos por un camino de herradura, bastante bien conservado al inicio pero que luego se va desdibujando poco a poco.
A medida que vamos avanzando el sendero va virando hacia el norte separándonos del río y adentrándonos en el barranco por el que discurre el sendero de Gran Recorrido. Sin embargo, esa parte la dejamos para la vuelta ya que ahora hay que desviarse para recuperar el trazado del río.
Para ello debemos abandonar el camino por el que venimos cruzando el fondo del barranco para buscar un pequeño sendero que después de unos recodos nos deja en una amplia pista que más adelante enlaza con la que nos lleva hasta Jinquer. El punto exacto del desvío (1) lo debemos buscar sobre el muro de bancal que llevamos a la derecha y, más concretamente, en una piedra donde se encuentran pintadas la marca blanca y roja del GR, una marca verde, y las iniciales MBV con las que alguien quiso dejar constancia de su paso por aquí. En cualquier caso, si nos despistamos y nos pasamos el punto o simplemente preferimos ir a lo seguro y no andar buscando la piedra y el desvío, tan solo hay que continuar caminando ya que más adelante el GR se cruza con el camino (2) al que hubiéramos salido a través del atajo, de forma que de una u otra forma llegamos al mismo sitio.
Ya en la pista continuamos un trecho hasta donde las marcas del GR y un poste con una flecha sobre una plaquita verde nos indican que nos desviemos a la derecha, atravesando una zona de pendiente para terminar en otra pista, esta asfaltada que a la derecha nos redirige hacia la parte sur del barranco que surca el río Veo y que nos lleva ya de forma directa hacia Jinquer y su castillo.
En el despoblado de Jinquer es la iglesia la construcción que mantiene algo de su configuración original y que se puede identificar fácilmente ya que del resto de casas y corrales tan solo quedan muros sueltos y medio derruidos que le dan más bien aspecto de cementerio.
Los postes de señalización nos llevan a través de Jinquer hacia el castillo que se ubica allá en lo alto al noroeste del antiguo pueblo. El sendero nos lleva a través de varios zigzagueos hasta un punto, ya a la altura del castillo, en el que el mismo se queda a nuestras espaldas dando la sensación de que el camino nos aleja de él. Aquí podemos desviarnos a la izquierda hasta llegar a un murete de piedra que conforma un pequeño salto entre el camino por el que venimos y otro que de forma circular bordea la mole de piedra sobre la que está encaramado el castillo. Este sendero, a modo de foso de los antiguos castillos medievales, nos lleva por la izquierda a un par de campos de almendros a través de los cuales podemos acercarnos a la base del castillo, pero en ningún caso entrar, pues aunque quizás lo haya, no logramos encontrar ningún hueco por el que penetrar en él con lo que mantiene totalmente su carácter inexpugnable.
Después de pasar el rato explorando los alrededores del castillo desandamos este último trecho para regresar al Jinquer y al cauce del río Veo por el cual caminamos unos metros hasta desviarnos a la izquierda y hacia arriba en la primera bifurcación que encontramos. Pocos metros más adelante la pista deja paso al asfalto y tenemos que ir atentos para desviarnos por la derecha a través de un campo de olivos, ya que si lo rebasamos llegaremos a un punto sin salida.
Este es el tramo más confuso de todo el recorrido y donde puede resultar difícil encontrar el sentido de la marcha ya que no hay un sendero marcado. Después de caminar por el primer bancal o campo de olivos deberíamos pasar junto a una balsa pero, en caso de despiste y como nos ocurrió a nosotros, puede que lleguemos al lugar donde el relieve de la montaña hace un recodo hacia nuestra izquierda, como una hendidura en la montaña, de forma que los bancales también reproducen esa forma de V hacia adentro, en dirección opuesta al lecho del río. En función del bancal en el que nos encontremos deberemos ir subiendo al anterior para poder continuar progresando hasta que finalmente el sendero se vaya haciendo poco a poco más reconocible, justo cuando nos encontramos con una cueva que nos sirve de referencia.
A partir de aquí encaramos un repecho bien empinado para ganar el mirador de Hoya Vieja, momento a partir del cual el camino se suaviza y comenzamos a descender progresivamente, pasando por un par de trincheras de las Guerras Carlistas.
Al poco de pasarlas llegamos a una nueva bifurcación descartando la dirección de la izquierda y siguiendo recto tal y como nos indica un cartel con la inscripción “volta” pintada. En estos momentos nos encontramos recorriendo la cresta de la montaña por la parte de la umbría, con el río a la derecha y el GR a la izquierda, y continuamos así hasta llegar al alto de Pedralba, punto más alto de la jornada y donde aprovechamos para comer antes de emprender el descenso hacia el GR siguiendo los mencionados carteles de “volta” que nos vamos encontrando.
Tardamos poco en llegar al fondo y cogemos a la derecha el GR36 que conforma la parte más bonita de la excursión atravesando un precioso bosque de alcornoques y pinos hasta que llegamos finalmente al punto 1 y enseguida a Alcudia de Veo.


Datos técnicos
Distancia: 10 km
Duración: 4 horas
Dificultad: 2/5
Altitud mínima: 475 m
Altitud máxima: 720 m
Desnivel acumulado: 350 m
A tener en cuenta: Nada en especial

Descarga aquí la información de la ruta

martes, 16 de enero de 2018

El barranco de la Encantada

Recorrido por este (no tan) misterioso paraje en el municipio de Planes. (Ruta realizada el 12 de noviembre de 2017)


Acceso
Salimos de Valencia esta vez hacia Albacete por la V31 que más tarde se convierte en la A7/A35 hasta enlazar con la CV60 hacia Ontinyent/Alcoi. Por esta carretera seguiremos todavía un rato hasta que la abandonemos para coger la CV700 hacia Benimarfull en la salida 435.
En las siguientes rotondas seguimos en dirección Benimarfull y tras dejar esta población atrás llegamos enseguida a Planes, donde podemos girar a la izquierda al pasar junto a un parque que hay en la carretera para adentrarnos en el centro del pueblo.

Descripción
Tesoros ocultos, princesas que cada 100 años se aparecen y deambulan por las montañas, traiciones y amores secretos en época morisca… son algunas de las versiones de la leyenda de la Encantada, que da nombre al barranco y a esta ruta.
Aunque el recorrido explicado aquí varía algo del detallado en el libro “Caminando por la Comunidad Valenciana 4”, ya que empieza y termina en el pueblo de Planes y se alarga algunos kilómetros más, aunque bien es cierto que, una vez realizada, bien vale la pena seguir el trazado propuesto por Esteban Cuéllar ya que el resto de ruta añadida no es especialmente interesante.
En cualquier caso, después de dejar el coche en la parte baja del pueblo nos dirigimos hacia el ayuntamiento, cruzamos por el pasaje bajo las banderas y seguimos por la derecha bajando una escalinata hacia el río, donde nos encontramos con la carretera que lo cruza a través de un pequeño puente. Giramos a la izquierda al enlazar con la carretera y ascendemos un poco hasta llegar al via crucis, marcado con una señal de prohibición para quads y motos.
Aunque desde abajo parece muy empinada, la subida a la ermita es más llevadera de lo previsto al compensar la pendiente con los interminables zig zags que hace el camino.
Al llegar arriba hay que comenzar a descender por la carretera que baja a la izquierda, pero antes de ello vale la pena dar una vuelta por la explanada de la ermita y almorzar sentado en el murete disfrutando de la tranquilidad del lugar.
De vuelta a la marcha descendemos por la carretera que nos lleva rápidamente hacia el valle, el cual cruzamos hasta alcanzar su cota más baja para empezar a recuperar poco a poco la altitud a través de una pista que atraviesa campos de frutales. Cuando el camino llanea después de unas primeras rampas, encontramos un desvío a la derecha marcado por una pintada blanca y amarilla que nos indica un camino un poco más estropeado que asciende llevándonos a unos campos de almendros desde los que se divisa, a la izquierda, el corral del Collado.
Al final de este camino topamos nuevamente con una carretera y una flecha verde que nos indica la derecha, a la que siguen algunas lazadas hasta llegar a la carretera principal junto a un puente, momento en que comenzamos a caminar paralelos al río Serpis en dirección al barranco.
Esta es la pista de acceso a la laguna de la encantada por lo que durante unos metros vamos acompañados de más de un coche y de gente que se dirige allí a pasar el día. Afortunadamente, una vez dejada atrás la laguna el camino se queda algo más solitario llegando en pocos metros a un molino donde debemos seguir por la izquierda ya que a la derecha el camino cruza el río y se pierde hacia el barranco del Llombo.
A través de esta senda nos vamos adentrando en la zona más bonita de todo el recorrido, dejando a nuestra derecha unas pequeñas pozas y pasando junto a un pequeño trecho que a la derecha nos lleva hacia la más grande e inaccesible de todas ellas. Volviendo al camino comenzamos a ascender y pasamos junto a un antiguo corral medio derruido donde hay que tener cuidado en no desviarnos por el camino que sigue recto y hacia la derecha ya que si lo seguimos acabaremos en el fondo del barranco. En su lugar hay que buscar la senda que discurre por la izquierda y que pasa literalmente por encima de una roca a modo de saliente. Así iremos ascendiendo hasta dejar atrás el barranco y desembocar a una zona de chalets topándonos enseguida con la carretera que nos dejará nuevamente en el pueblo de Planes tras bordear la colina sobre la que está la ermita.
Salvo este último tramo junto al río Serpis y el más atractivo que corresponde al cañón propiamente dicho, el resto del recorrido no tiene gran interés, por lo que merece la pena acortarlo en la medida de lo posible para disfrutar más del barranco y de su Encantada.

Datos técnicos 
Distancia: 11 km
Duración: 4 horas
Dificultad: 0/5
Altitud mínima: 430 m
Altitud máxima: 570 m
Desnivel acumulado: 330 m
A tener en cuenta: Parte del atractivo de la ruta es poder bañarse en la laguna o en alguna de las pozas, por lo que si se hace en verano hay que ir equipado

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viernes, 5 de enero de 2018

El embalse de Loriguilla

El embalse de Loriguilla
Ruta en kayak por el último embalse del río Turia. (Ruta realizada el 22 de julio de 2017)


Acceso
Desde Valencia tomamos la CV35 en dirección Ademuz y no la abandonamos hasta pasar Losa del Obispo, aunque debemos descartar el primer desvío con indicaciones de “embalse de Loriguilla” que sale hacia la izquierda y continuar hasta el siguiente cruce también hacia la izquierda en el que un cartel nos anuncia que estamos entrando en el camino de acceso al sifón del Turia.
Por esta carretera llegamos al pueblo de Loriguilla Viejo después de rebasar una valla que permanece cerrada pero sin candado, y bordeando las instalaciones del complejo turístico tomamos una senda que hacia la derecha nos lleva hasta la zona del embarcadero.

Descripción
En el embalse de Loriguilla hay dos zonas a las que la gente acude a bañarse, pescar o a pasar el fin de semana. Una es la zona de la presa, donde el agua se embalsa antes de que el curso del agua atraviese el paraje de Los Calderones de Chulilla y donde acudimos la primera vez para dar un paseo con el kayak. Sin embargo, en esta primera incursión descubrimos la otra zona, la que hay a los pies del antiguo pueblo de Loriguilla Viejo, mucho más agradable para pasar el rato y también más fácil para entrar y salir del agua con cualquier piragua, colchoneta o artilugio flotante ya que dispone de un pequeño embarcadero y una rampita de acceso. Además hay zonas con pradera de hierba en la que poderse tumbar a comer, leer o echarse la siesta.
Una vez en el agua y con los remos en las manos hay varias opciones para hacer una travesía. La primera es dirigirse al sur a través de un corto pero bonito estrecho hacia la zona de la presa, que es la más ancha de todo el pantano y donde más se nota el oleaje en los días de viento. La otra opción es remontar el embalse hacia el norte hacia el punto donde el río lo alimenta recorriendo el pantano que en este tramo tiene una anchura más constante, pasando bajo el acueducto del canal principal y llegando hasta donde el curso de agua deja de ser navegable.
En esta zona hay algún que otro cañaveral y se pueden ver grupos de aves que no conseguimos identificar pero que sin duda disfrutan aquí de una mayor tranquilidad que en la zona del embarcadero.

Datos técnicos
Distancia: 9 km
Duración: 3 horas
Dificultad: 0/5
A tener en cuenta: Nada en especial

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miércoles, 3 de enero de 2018

El cañón del río Magro

Ruta lineal por el límite oriental de la Plana de Utiel. (Ruta realizada el 14 de mayo de 2017)


Acceso
La excursión por el río Magro tiene su origen y final en Hortunas, una pedanía de Requena, por lo que salimos hacia Madrid por la A3 hasta abandonarla por la salida 291 enlazando con la NIII hacia Requena Este. Pasamos unas cuantas rotondas hasta llegar a la última en la que hay que seguir en dirección Albacete/Almansa por la N322. Justo después de pasar El Pontón nos desviamos a la izquierda por la N330 hacia Cofrentes y al llegar a La Portera nos volvemos a desviar a la izquierda hacia la CV429 en dirección a Yátova, llegando enseguida a Hortunas.
También se puede llegar vía Buñol y Yátova pero se tarda un poco más y la carretera es peor, por lo que compensa ir hasta Requena por la autovía.

Descripción
Una vez dejado el coche hemos de buscar el camino que sale de la parte noreste del pueblo, detrás de las casas, y que nos lleva a cruzar el río Magro por un paso más o menos delicado en función del nivel del agua. Ya en la otra orilla pasamos bajo una canalización de agua y continuamos hasta que el camino gira a la izquierda y nos coloca paralelos al río. Aquí el paisaje todavía se presenta abierto con diversos campos que preceden a la zona un poco más agreste que nos espera a tan solo unos minutos. Avanzamos ahora por un terreno abancalado con el murete a nuestra derecha hasta que llegamos a un claro donde debemos buscar la senda que por la derecha asciende a la ladera de la montaña ya que por la parte izquierda, aunque parece que el camino continúa, solo se va al lecho del río llegando a una punto donde ya no es posible la progresión.
Vadeamos el barranco de los Chorrillos por una estrecha senda y continuamos hasta que el camino nos devuelve a la parte baja del río volviendo a caminar por una zona de pradera antes de enlazar con una pista de tierra más ancha.
Esta pista nos lleva al Molino del Templado, aunque una verja se interpone ante nosotros por lo que debemos abandonarla por la izquierda internándonos en un agradable paseo bajo los árboles que pueblan la ribera del río.
No tardamos en llegar al puente de hormigón por el que cruzamos el río llevándolo ahora a nuestra derecha y continuando por el camino que reproduce el trazado sinuoso del agua a su paso por el cañón.
Cuando la senda se convierte de nuevo en pista, llegamos otra vez a una puerta metálica que nos impide la progresión por lo que tenemos que tomar el trecho que surge unos metros antes a la derecha, bajando a la altura del cauce para adentrarnos en la parte más bonita de todo el recorrido, donde un senderillo casi invadido por la hierba nos lleva a través del fondo del cañón plagado de vegetación ribereña y de amapolas que salpican de rojo todo el paisaje.
Y así llegamos hasta una presa que hace de punto final y a partir del cual iniciamos el retorno por donde hemos venido hasta terminar el recorrido en Hortunas.

Datos técnicos
Distancia: 16.5 km
Duración: 5 horas
Dificultad: 0/5
Altitud mínima: 545 m
Altitud máxima: 650 m
Desnivel acumulado: 180 m
A tener en cuenta: En días de calor, y a pesar de la presencia del río Magro, la ruta puede resultar seca por lo que hay que prever ir con agua suficiente.

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